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Channel: PROFESOR DANIEL ALBERTO CHIARENZA
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3 DE ENERO DE 1833: EL CAPITÁN JOHN JAMES ONSLOW, COMANDANTE INGLÉS DE LA CLÍO, ORDENA ARRIAR LA BANDERA ARGENTINA DE PUERTO SOLEDAD E IZAR EL PABELLÓN BRITÁNICO SIN NINGUNA JUSTIFICACIÓN.

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Ante el mundo siempre perdurará esta imagen cuando se refieran a Inglaterra, de la que siguen con su mezquina arrogancia haciendo gala, pues no pasaron determinados estadios civilizatorios que los lleven a sentarse alrededor de una mesa a charlar de la problemática que nunca claudicaremos: la cuestión soberanía, inobjetablemente Argentina.

Inglaterra no demostró su pretensión sobre las Islas Malvinas contemporáneamente al abandono de Port Egmont (20 de mayo de 1776), que, por otra parte, no se fundaba en ningún derecho positivo. Pero, hacia 1829, la colonización de Australia y Tasmania, cuyo tránsito se hacía por el cabo de Hornos, señaló la conveniencia de poseer una base cerca de éste. Desde luego se pensó en las Malvinas.

Mapa de las Islas Malvinas con la toponimia argentina.
 
El Foreign Office, representado en 1829 por lord Aberdeen, mandó al abogado real, Herberto Jenner, un estudio de los derechos ingleses en la isla Occidental. Jenner se expidió en julio de 1829 sosteniendo el título del descubrimiento “que de ningún modo puede sentirse afectado por las transacciones” británicas a Puerto Egmont (isla occidental) “por ser altamente deseable la posesión de algún punto seguro donde los buques que hacen el tránsito para el Pacífico pueden abastecerse y ser carenados”, pero advirtiéndole “que no está en mis medios (del Foreign) informar ahora a usted acerca de la determinación final del gobierno británico con respecto a estas islas”. En su cumplimiento Parish dejó constancia en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1830, de las pretensiones inglesas “a Puerto Egmont” en una nota.

Herbert Jenner, abogado real británico que buscó el subterfugio de "los derechos ingleses".
 
La despoblación forzada de Puerto Soledad por la acción de la Lexington, y la salvaguarda que hacía el gobierno yanqui –pese a la doctrina Monroe- de los derechos ingleses para no indemnizar por el ataque injustificado, movieron al almirantazgo británico a apoderarse nuevamente de Puerto Egmont. No parecía interesarle todo el archipiélago, sino solamente una base para reparo de sus buques. El 29 de noviembre de 1832 el capitán John James Onslow con la nave Clío, levó anclas en Río de Janeiro con instrucciones de tomar la caleta de la isla Occidental. Semanas más tarde llegó a la desolada bahía de Egmont –abandonada desde el siglo XVIII- donde levantó un mástil con la bandera inglesa. Después, y sin instrucciones, se presentó el 2 de enero de 1833 frente a Puerto Soledad en la isla Oriental.
Rosas nombró comandante de Malvinas, mientras durase la ausencia de Vernet, al mayor de artillería Esteban Mestivier. En la goleta Sarandí, al mando de José María Pinedo (antepasado mercenario del diputado del Pro) –éstos no es joda, le hacen honor al apellido, el abuelo del susodicho fue representante de los intereses ingleses siendo ministro de Hacienda de Justo en la década infame, contra los cuales luchara en forma pertinaz Lisandro de la Torre-, llegada a Soledad en octubre (de 1832), se habían traído algunos presos comunes para fundar una colonia penal. Mientras Pinedo con la Sarandírecorría las costas ahuyentando a los pesqueros estadounidenses, los confinados se sublevaron matando a Mestivier (30 de noviembre). A su regreso a Soledad en diciembre Pinedo consiguió imponerse (¡ah, macho!).

Goleta Sarandí, capitaneada por el cobarde de José María Pinedo, quien dejó hacer a los ingleses y ni se animó a recoger la bandera argentina recién arriada por los ingleses, quienes se la alcanzaron hasta la embarcación.

El 2 de enero se presentaba Onslow con la Clío en Soledad intimando a Pinedo el reconocimiento de la soberanía inglesa, aduciendo haberse convenido así entre los gobiernos argentino y británico. Pinedo –con toda la inocencia que puede tener un militar, le creyó- y se limitó a poner en un mástil en tierra la bandera argentina y dejar que los ingleses hicieran un acto de fuerza; al día siguiente, 3, los británicos desembarcaron cómodamente, arriaron la bandera argentina que había puesto el pelotudo de Pinedo e izaron la inglesa sin que este último –como dice Groussac- se sintiera “capaz de intentar una heroica locura”. Se limitó a ir a Buenos Aires a informar al gobernador Balcarce. ¡Perdón por haberle dicho pelotudo a Pinedo, a lo mejor el adjetivo más apropiado hubiera sido HIJO DE PUTA! Parece mentira, hoy -2013- la “gente progresista” de la CABA sigue votando como legisladores a estos descarados mercenarios del poder imperial, que viajan a Venezuela para ver si podían regocijarse de una derrota electoral de Chávez, a quien no derrotará ni siquiera la muerte. Pero allí estaban Pinedo, la Michetti, la borracha Bullrich, el PELOTUDO de Lanata, haciendo el triste papel de viudas del Imperio yanqui.



 Ilustración musical

TE LLAMAN SOLEDAD - ELADIA BLÁZQUEZ


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